Siete trucos para ahorrar en la cocina

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Si me hubiesen dicho hace unos cuantos años que me iba a encantar la cocina y se iba a convertir en uno de mis hobbies favoritos, me hubiera reído en la cara del que fuese. Y es que ahora, independizada, es una de las cosas de las que más disfruto cuando estoy en casa: mi cocina. Empecé con postres y dulces y ahora ¡hasta pisto manchego! Mi pobre madre aún está asimilando el cambio.

Con tantas horas dedicadas a cocinar, he ido aprendiendo algunas cosillas, algunos trucos que me facilitan mis tareas, me ayudan a organizarme mejor y me hacen gastar con cabeza. Os dejo con ellos después del salto 🙂

Para hacer pan rallado casero. Al igual que nuestras madres y abuelas hacían, si guardamos los cachos de pan que sobran cada día en una bolsa de tela, el pan endurecerá y podremos rallarlo y convertirlo en pan rallado que tantos usos tiene en la cocina. Podemos rallarlo a mano con un rallador normal o sin exagerar, en 2 segundos en la Thermomix. Si optáis por hacerlo a mano y queréis que os quede muy finito, después de rallarlo podéis pasarlo por un pasapurés para descartar los trozos más grandes que se hayan podido escapar. Si bien el ahorro no es como para enriquecerse, pensad en la suma de cada paquetito a lo largo de un año (ya dice algo más).

Para reutilizar y reciclar el aceite usado. Nada tan sencillo como tener una aceitera o un vaso para guardar el aceite que ya hemos usado pero que está limpio (por ejemplo, el que queda tras freír unas patatas). Es aceite que está limpio y tirarlo sería un derroche, por lo que si lo guardamos la siguiente vez que necesitemos podemos tirar de él. Cuando ya no podemos volver a usarlo, no debemos tirarlo por el fregadero. En casa tenemos una garrafa grande de agua vacía (o la del mismo aceite) en la que vamos echando este aceite usado. Sí, no es lo más Pinterest del mundo, pero es la mejor forma de reciclarlo. Cuando la garrafa está llena la llevamos al punto limpio más cercano 🙂

Para no malgastar luz. Si tenemos vitrocerámica o placas de inducción debemos aprender a cocinar nuestras comidas contando con el calor residual que queda en la placa aunque lo hayamos apagado, de esta manera no malgastamos toda esa energía y nuestra cartera lo agradecerá (a largo plazo). Cada uno conoce bien sus fogones así que es cuestión de probar. Yo apago el fuego cuando aún quedan unos 5 minutillos para terminar la comida, y con ese calor residual termino de cocinar sin miedo ya a que se me pegue o se me pase. Lo mismo ocurre con el horno: sin duda es uno de los electrodomésticos que más consume por lo que, además de contar con el calor que queda tras apagarlo, yo aprovecho para hacer varias comidas cada vez que lo pongo. Por ejemplo, si he hecho un pollo asado, antes de apagarlo (y una vez fuera el pollo, que nos conocemos), aprovecho para meter una bandeja de galletas de avena o unas palmeritas 😉

Para limpiar fácilmente el horno. Sí, un truco de esos que se ven en los vídeos cortitos que pueblan Facebook y que un día pruebas y te cambian la vida. Aparte de hacer tu propio mejunje casero a base de vinagre blanco y bicarbonato (que funciona 100%), el truco está en aprovechar ese calor del que os hablaba para aplicar en el horno el producto de limpieza que usemos (mejunje casero u otro) y dejarlo actuar hasta que se enfríe por completo. ¿Qué ganamos con ello? Que el calor suelte de las paredes la grasa muchísimo más fácilmente y luego solamente haya que aclarar con un paño húmedo. De verdad que es un truco cambiavidas.

 Para hacer la compra con la cabeza y no con el estómago. Más de una vez nos lo han dicho a todos: no hagas la compra con el estómago vacío. Está claro que cada uno funciona como quiere y puede, pero está comprobado que si vamos con hambre a comprar gastaremos mucho más y compraremos peor. Nosotros en casa tenemos una lista en la nevera para ir apuntando lo que vamos necesitando según se acaba, así cuando vamos al súper sabemos qué es lo que nos hace falta y no compramos cosas que ya tenemos, de este modo además de dinero ahorramos tiempo ya que no tenemos que dar muchas vueltas y mirar y mirar… También organizamos cada semana las comidas que vamos a tomar, si comemos fuera, si toca tupper en el trabajo… así, con el planning hecho podemos ver si nos falta algo para preparar nuestros platos y añadirlo a la lista con tiempo.

Además, nosotros hemos probado estos últimos meses a cada cierto tiempo (más o menos cada mes), evitar ir a la compra más de la cuenta. Me explico. Solemos hacer una compra grande una vez al mes, a veces incluso dos, en la que llenamos despensa y nevera. Luego, cada semana vamos un día a por productos frescos que reponemos con más frecuencia, como frutas y verduras. Bien, lo que hemos puesto en marcha es intentar vaciar la nevera y despensa cada cierto tiempo. No, no es que nos entre el ansia viva por comer, sino simplemente gastar lo que tenemos. No nos gusta malgastar el dinero en nada y mucho menos en comida, por eso este método nos viene bastante bien y nos funciona. Como he dicho, organizamos el menú semanal por lo que cuando estamos en ese momento del mes en el que decimos “de lo que haya“, creamos el menú mirando directamente en la despensa, en vez de hacerlo al revés. Ya veis, en nuestra casa no se tira nada.

Para guardar la comida en nevera y congelador. Cada maestrillo tiene su librillo, que suele decir mi madre. Ya os hablé en este post sobre cómo ser más eco que en casa sustituimos todos los tuppers de plástico por tuppers de cristal por nuestra salud y por el medio ambiente. Es una magnífica solución para la nevera, pero no a la hora de congelar: es aquí donde está el problema. Como os digo, en casa intentamos reducir todo lo posible el consumo (innecesario) de plástico, pero de momento no encuentro otra solución posible para congelar la comida que con el film transparente. Aunque me de rabia, es (y repito, de momento) el método que mejor me viene. Para organizar la comida que voy a congelar la separo por raciones (los filetes, por ejemplo, de dos en dos), así cuando toca comer eso no tengo que descongelar un kilo entero. ¿Por qué el film y no las bolsas de congelado? Como ya sabréis, todos los plásticos llevan aditivos para darles color, quitar olores, que sean más resistentes, etc… pues bien, después de leer blogs y documentarme un poquito por la red, me decidí por el film porque al parecer contiene menos aditivos que las bolsas. También, al ser transparente veo sin problema qué tipo de carne contiene y como va pegado a la comida en sí, no ocupa más que lo necesario (nada de nudos o un montón de bolsa sobrante). Ya os digo que me funciona pero que no me convence del todo por el tema del plástico así que si sabéis otro método, por favor ¡soy toda ojos!

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Foto superior de Federica&Co, la cocina de mis sueños.

Pd: hace tiempo os dejé este post con trucos para llevar una vida más sostenible 🙂

Pd 2: también se puede ahorrar y ganar dinero con lo que no usas de tu armario.

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